El equipo tiró de coraje y orgullo para remontar un 0-2 abajo con solo 9 minutos de margen. 27 segundos de locura igualaron la balanza y el pabellón apretó para conseguir los 3 puntos.
El Pabellón vivió este fin de semana una de esas tardes que recuerdan por qué el fútbol sala es un deporte capaz de desatar emociones extremas en cuestión de segundos. La Jornada 3 enfrentaba a Los Yébenes FS con Pozo de Guadalajara, un rival llamado a pelear en la parte alta de la clasificación.
Desde el inicio, el choque presentó un guion intenso y vibrante. Los locales asumieron la iniciativa del juego con autoridad, llevando el peso del balón, proponiendo en ataque y desgastando a un rival que apostó por una defensa férrea y salidas a la contra con mucha calidad. Cada posesión y recuperación se celebraba en la grada, que desde el primer segundo marcó territorio. El ambiente era ensordecedor, con un pabellón lleno hasta la bandera y un Frente Astados que no dejó un respiro en su aliento constante.
A pesar de las numerosas llegadas y del empuje que se sentía desde la pista, fue el conjunto visitante quien golpeó primero. En el minuto 16, en su primera aproximación clara, una acción individual desequilibró la balanza y puso el 0-1. El gol fue un jarro de agua fría para los locales, que se marcharon a vestuarios con la sensación de haber merecido más: faltaba eficacia en la finalización.
El inicio del segundo acto mantuvo el pulso alto. El respeto entre ambos equipos era palpable: sabían que cualquier error podía ser decisivo. El guardameta visitante sostuvo a los suyos con intervenciones de mérito, mientras los nuestros buscaban el empate con insistencia, pero sin fortuna. El partido parecía encaminarse a un tramo final tenso, y el guion volvió a torcerse con un desafortunado 0-2, después de que un pase atrás acabara introducido en propia portería. Un golpe que podría haber sentenciado a cualquiera… pero no en El Berrido.
Lo ocurrido a continuación fue una demostración de identidad, carácter y orgullo. Para ganar en nuestra casa hay que “matarnos” mil veces… y aun así, puede no ser suficiente. Lejos de hundirse, el equipo reaccionó impulsado por la grada, que elevó el volumen como si el partido acabara de empezar.
En menos de un minuto, Los Yébenes FS firmaron un doble zarpazo que cambió el curso del encuentro: primero Gabri, tras una excelente combinación con Juan, apareció para recortar distancias y encender la mecha del pabellón. Segundos después, con la afición aún celebrando el primero, Chicharro aprovechó un rechace tras otro disparo de Juan para firmar el 2-2.
El partido entró en una fase de máxima intensidad, con la grada convertida en una caldera.
Con nueve minutos aún por delante, los locales empujaron decididos a completar la remontada. La oportunidad llegó tras una mano que fue sancionada con doble penalti. Juan asumió la responsabilidad y no falló: 3-2 y delirio absoluto en la grada.
El tramo final fue de nervios, corazón y resistencia. El equipo supo sufrir, supo competir y supo cerrar un encuentro que deja algo más que tres puntos: deja una declaración de intenciones.
La tarde no fue apta para cardíacos, pero sí para creyentes. Equipo y afición firmaron juntos una de esas victorias que construyen temporada, generan identidad y recuerdan a todos por qué este club es diferente.
Porque 40 minutos en El Berrido no son como en cualquier otro pabellón.
Aquí, un minuto basta para cambiarlo todo.